MENSAJE DEL PAPA A LA RCC



El Papa a carismáticos: Se necesitan comunicadores de la belleza del Evangelio

Envía un mensaje a 25.000 participantes del XXVII Congreso Nacional en Rímini

RÍMINI, viernes, 30 abril 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha querido transmitir la necesidad actual de hombres y mujeres «que sepan comunicar la fascinación del Evangelio» en un mensaje enviado al Congreso anual de la «Renovación en el Espíritu» de Italia (RnS, por sus siglas en italiano), que reúne en la ciudad de Rímini hasta el próximo domingo a 25.000 participantes.

El «Rinnovamento nello Spirito Santo» (RnS) o «Renovación Carismática Católica» (RCC) surgió en 1967 cuando algunos estudiantes de la Universidad de Duquesne (Pittsburgh, Pennsylvania – EE. UU.) participaron en un retiro durante el cual experimentaron la efusión del Espíritu Santo y la manifestación de algunos dones carismáticos.

Desde entonces, la RCC se ha difundido rápidamente por todo el mundo y desde 1970 está presente en Italia. Actualmente más de 100 millones de católicos participan de su espiritualidad en 200 países. Tiene un Consejo Internacional (ICCRS – International Catholic Charismatic Renewal Services) reconocido por el Consejo Pontificio para los Laicos.

En cuanto al RnS italiano, está formado por 1.800 grupos y comunidades presentes en todas las diócesis del país, donde 250.000 personas participan de su espiritualidad. Este año, el congreso anual en Rímini –una gran reunión de oración y evangelización-- se transmite vía satélite a todo el mundo.

«He aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva; habrá gozo por siempre por lo que yo voy a crear» (Cf. Is 65, 17-18) es un lema –escogido para esta XXVII edición-- «que ayuda a contemplar el gran misterio del gozo cristiano», reconoce el Papa en su mensaje, enviado a través del obispo de Rímini, monseñor Mariano de Nicolò.

«Deseo de corazón –dice a los participantes-- que la Renovación en el Espíritu Santo suscite cada vez más en la Iglesia la conversión interior sin la cual difícilmente el hombre puede resistir las seducciones de la carne y las concupiscencias del mundo».

Y es que «nuestro tiempo --reconoce-- tiene una gran necesidad de hombres y mujeres que, como rayos de luz, sepan comunicar la fascinación del Evangelio y la belleza de la vida nueva en el Espíritu».

«Con la fuerza arrolladora de la oración de alabanza y la gracia que brota de la vida sacramental --recuerda--, el Espíritu dona incesantemente sus carismas a la Comunidad eclesial, para que sea constantemente enriquecida y edificada».

Pero advierte que al Evangelio de Cristo «hay que corresponder con la audacia de la fe, que es madre de todos los milagros de amor, con la firme confianza que nos hace rogar a Dios todo bien para la salvación de nuestras almas».

«Cada uno, por lo tanto, como verdadero discípulo de Jesús, debe aplicarse sin descanso a seguir sus enseñanzas, haciendo del propio camino de renovación espiritual una permanente escuela de conversión y de santidad», exhorta Juan Pablo II.

«Ser testigos de las “razones del Espíritu”: ésta es vuestra misión, queridos miembros de la Renovación en el Espíritu Santo –constata el Papa--, en una sociedad donde a menudo la razón humana no parece impregnada de la sabiduría que viene de lo Alto».

«Poned en el ánimo de los creyentes que participan en las actividades de vuestros grupos y de vuestras comunidades una semilla de fecunda esperanza en la cotidiana dedicación de cada uno a los propios deberes», pide finalmente el Papa en el mensaje que leyó a toda la asamblea monseñor Dino Foglio, asesor espiritual nacional del RnS.

El cardenal Giovanni Battista Re –prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos--, el cardenal Francis Arinze –prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos-- y el padre Raniero Cantalamessa –predicador de la Casa Pontificia—figuran entre los invitados al Congreso anual del RnS italiano.

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Juan Pablo II a la Asamblea Plenaria de la CFCCCF
(Consejo de la Fraternidad Católica de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza)

“Sus esfuerzos para hacer conocer a otros de la alegría de su fe en Cristo no solo contribuirá a fortalecer la vida de las Iglesias locales a las cuales ustedes pertenecen, sino también inspirarán una fe más madura y profunda entre sus propios miembros.”

11/14/94


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1° Audiencia de la Renovación Carismática Italiana

“Esta mañana he tenido la alegría de compartir en esta asamblea de ustedes, en la cual veo gente joven, adultos, gente mayor, hombres y mujeres, unidos en la profesión de una misma fe, sostenidos por la misma esperanza, unidos por lazos de caridad que “han sido vaciados en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que nos ha sido dado a nosotros (Rm 5, 5). A esta efusión del Espíritu sabemos que debemos una mayor y más profunda experiencia de la presencia de Cristo, gracias a la cual podemos crecer diariamente en el conocimiento amoroso del Padre. Por lo tanto, justamente, su movimiento pone particular atención a la acción, misteriosa pero real, de que la tercera persona de la Santísima Trinidad juega en las vidas de los Cristianos.”

11/23/80


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V Conferencia Internacional de Líderes

“...Les invito a ustedes y a todos los miembros de la Renovación Carismática, que se unan conmigo para gritar al mundo: «Abran las puertas al Redentor»... La misión de la Iglesia es proclamar a Cristo al mundo. Ustedes comparten efectivamente en esta misión en cuanto sus grupos y comunidades estén enraizadas en las iglesias locales...”

5/30/84


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Encuentro Internacional de la Renovación Carismática
(Rimini-Italia)

“Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Con gran alegría os envío mi saludo con ocasión del Encuentro mundial de la Renovación carismática católica, que tiene lugar en Rímini. Desde hace algunos años, la Renovación en el Espíritu Santo celebra allí, a comienzos de mayo, su reunión nacional. Con motivo del Año jubilar, esta cita ha adquirido una dimensión particular por la presencia de numerosos representantes de grupos y comunidades carismáticas procedentes de otros países del mundo. Precisamente por eso, vuestro encuentro se celebra con el patrocinio de un organismo, el International Catholic Charismatic Renewal Services, al que corresponde la tarea de coordinar y promover el intercambio de experiencias y reflexiones entre las comunidades carismáticas católicas esparcidas por el mundo. Gracias a esto, la riqueza presente en cada comunidad beneficia a todos, y todas las comunidades pueden percibir más fácilmente el vínculo de comunión que las une entre sí y con la Iglesia entera. Saludo cordialmente al presidente del International Catholic Charismatic Renewal Services, señor Allan Panozza, y al coordinador nacional de la Renovación en el Espíritu Santo, señor Salvador Martínez, así como a todos los miembros del Comité nacional de servicio.

2. Este Encuentro Internacional de Rímini constituye para vosotros una etapa de la peregrinación jubilar. Celebrando el bimilenario de la Encarnación, todos estamos llamados a dirigir nuestra mirada a Cristo, "luz de las gentes". Al contemplarlo, se renueva nuestra admiración y nuestra gratitud: el Hijo de Dios se hizo hombre, murió por nuestra salvación, resucitó y vive.

¡Cristo vive! ¡Él es el Señor! Esta es la certeza de nuestra fe. Al mismo tiempo que la proclamamos con humildad y firmeza, somos conscientes del hecho de que esta certeza no viene de nosotros. Si hemos podido conocer a Cristo, es porque él mismo se nos ha dado a conocer, donándonos su Espíritu: "Nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!", si no es bajo la acción del Espíritu Santo" (1 Co 12, 3).

Cristo, al darse a conocer, no nos ha dejado solos. En el Espíritu Santo nace el nuevo pueblo de Dios, porque Dios "quiso santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente" (Lumen gentium, 9). Cada comunidad eclesial auténtica es una porción de este pueblo, que desde hace dos mil años recorre los caminos del mundo. Por tanto, aun perteneciendo a una comunidad determinada, todo bautizado está abierto a acoger la riqueza de la Iglesia universal, que es la Iglesia de todos los siglos.

3. La Iglesia contempla con gratitud el florecimiento de comunidades vivas, en las que se transmite y vive la fe. En este florecimiento, reconoce la obra del Espíritu Santo, que concede siempre a la Iglesia las gracias necesarias para afrontar situaciones nuevas y a veces difíciles. Muchos de vosotros recordaréis el gran encuentro que se celebró en Roma el 30 de mayo de 1998, en la vigilia de Pentecostés. En esa ocasión dije: "En nuestro mundo, frecuentemente dominado por una cultura secularizada que fomenta y propone modelos de vida sin Dios, la fe de muchos es puesta a dura prueba y no pocas veces sofocada y apagada. Se siente, entonces, con urgencia la necesidad de un anuncio fuerte y de una sólida y profunda formación cristiana. ¡Cuánta necesidad existe hoy de personalidades cristianas maduras, conscientes de su identidad bautismal, de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo! ¡Cuánta necesidad de comunidades cristianas vivas! Y aquí entran los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales: son la respuesta, suscitada por el Espíritu Santo, a este dramático desafío del fin del milenio" (Discurso del Santo Padre, n. 7: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de junio de 1998, p. 14).

En aquella ocasión afirmé también que se abre una etapa nueva ante los movimientos, "la de la madurez eclesial" (ib., n. 6). También las comunidades carismáticas están llamadas hoy a dar este paso, y estoy seguro de que el International Catholic Charismatic Renewal Services podrá desempeñar un papel importante con vistas a la maduración de la conciencia eclesial en las diversas comunidades carismáticas católicas esparcidas por el mundo. Lo que dije en aquel momento en la plaza de San Pedro os lo repito a todos vosotros reunidos en Rímini: "La Iglesia espera de vosotros frutos "maduros" de comunión y de compromiso" (ib.).

4. En el seno de vuestras comunidades, en circunstancias diversas, cada uno de vosotros ha comenzado un camino que lleva a un conocimiento y a un amor cada vez mayores a Cristo. ¡No interrumpáis el camino emprendido! Tened confianza: Cristo completará la obra que él mismo ha comenzado. "¡Aspirad a los carismas superiores!" (1 Co 12, 31). Buscad siempre a Cristo: buscadlo en los sacramentos, buscadlo en la oración y buscadlo en el testimonio de vuestros hermanos. Sed agradecidos con los sacerdotes que acompañan como pastores a vuestras comunidades: a través de su ministerio, la Iglesia os guía y asiste como madre y maestra. Aprovechad con alegría las ocasiones que se os presentan para profundizar vuestra formación cristiana. Servid a Cristo en las personas que están junto a vosotros, servidle en los pobres, servidle en las exigencias y en las necesidades de la Iglesia. Dejaos guiar verdaderamente por el Espíritu. Amad a la Iglesia: una, santa, católica y apostólica.

Me alegra particularmente saber que en vuestro encuentro participan también representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, y deseo saludarlos cordialmente. Uniéndoos en la alabanza común, habéis aceptado la invitación que hice en la bula de convocación del gran jubileo: "Acudamos todos, desde las diversas Iglesias y comunidades eclesiales diseminadas por el mundo, a la fiesta que se prepara; llevemos con nosotros lo que ya nos une; y que la mirada puesta sólo en Cristo nos permita crecer en la unidad, que es fruto del Espíritu" (Incarnationis mysterium, 4).

Queridos hermanos y hermanas, al mismo tiempo que pido con vosotros a la Virgen María que cada uno acoja el don del Espíritu para ser testigo de Cristo en el lugar donde vive, os imparto de buen grado a vosotros y a vuestras familias mi afectuosa bendición.”

5/24/00


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Al consejo de ICCRO

“Al celebrar el veinticinco aniversario del inicio de la Renovación Carismática Católica, yo deseo compartir con ustedes la alabanza a Dios por los muchos frutos que nos ha dado en la vida de la Iglesia. El nacimiento de la Renovación después del Segundo Concilio Vaticano fue un regalo particular del Espíritu Santo a la Iglesia.”

5/14/92


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Carta del Papa a la Renovación

“Rema Mar Adentro”

El Santo Padre a la Fraternidad Católica de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza

Los miembros del Ejecutivo y el Consejo de la Fraternidad Católica de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza, se reunieron en Roma, los días 20 al 27 de junio de 2001.

El Card. Stafford y el Obispo Rylko, Presidente y Secretario del Consejo Pontificio de los Laicos, estuvieron también presentes en este encuentro como visitantes. En esta ocasión, el Santo Padre Juan Pablo II escribió un mensaje a la Fraternidad que publicamos en este número especial (versión inglesa, de la copia original) y que el obispo Rylko leyó y comentó a la asamblea.

Allan Panozza, presidente del ICCRS, participó en una sesión del encuentro compartiendo su experiencia en la Renovación Carismática con los participantes a este Congreso.

“Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo” (1Co 1, 3). Con las palabras del Apóstol Pablo os saludo con ocasión de vuestro Congreso que se celebra en Roma del 20 al 27 de junio de 2001. La Fraternidad reúne muchas comunidades de la Renovación Carismática de todo el mundo, todas comprometidas en profundizar en su identidad eclesial en el corazón de la Iglesia Católica. Por este compromiso, habéis elegido el sendero seguro de la comunión con el sucesor de Pedro y con los pastores de vuestras iglesias locales. Éste es el sendero de fidelidad inquebrantable al Magisterio, que veis debidamente como un carisma dado a la Iglesia para asegurar que nunca falle en la presentación de la verdad que proviene de Dios. En un mundo donde el mismísimo concepto de verdad está puesto a veces en duda, éste es un testimonio precioso, por el que doy gloria a Dios.

Vuestro Congreso tiene lugar en un momento cuando toda la Iglesia, evocando la gracia del Año Jubilar, alaba a la Santísima Trinidad por ese don extraordinario. Pero también es un momento cuando la Iglesia mira con confianza y esperanza al siglo y el milenio que está ante nosotros. Como enfaticé en mi Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte, esto debe implicar la programación pastoral. “Ahora tenemos que mirar hacia adelante”, escribí, “debemos ‘remar mar adentro’, confiando en la palabra de Cristo, Duc in altum!…las experiencias vividas deben suscitar en nosotros un dinamismo nuevo, empujándonos a emplear el entusiasmo experimentado en iniciativas concretas” (Nº 15).

Lo que es verdad para toda la Iglesia es desde luego verdad también para la Fraternidad Católica de Comunidades y Asociaciones de Alianza. Ha llegado el momento de planear para el futuro, de manera que la nueva evangelización a la que la Iglesia se ve llamada ahora provoque todavía una mayor energía de la gracia de vuestra llamada. La gracia es la base de todas nuestras acciones (cf. Ibid., Nº 38); y la santidad es la meta a la que mira toda nuestra programación.

La santidad tiene en su núcleo la contemplación del Señor Jesús, y toda nuestra programación debe buscar llevar a la gente a una conciencia más profunda del Único Salvador del mundo. Esto exige oración madura y fiel, y doy gracias a Dios por el modo en que vuestras comunidades ayudan a la gente a experimentar más profundamente el misterio de la oración, de manera que lleguen a ver “la gloria de Dios que está en la faz de Cristo” (2 Co 4, 6).

Pero éste es un viaje interminable de descubrimiento, y ahora “es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este ‘alto grado’ de la vida cristiana ordinaria” (Novo Millenio Ineunte, 31). ¡La Iglesia y el mundo necesitan santos! Y todos los bautizados sin excepción ¡están llamados a ser santos! Esto es lo que el Concilio Vaticano Segundo quería decir cuando habló de “la vocación universal a la santidad” (Lumen Gentium, 5). Que vuestras comunidades, por lo tanto, sean cada vez más “auténticas ‘escuelas de oración’, donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el ‘arrebato del corazón’” (Novo Millenio Ineunte, 33). Pues esto es lo que los santos son: gente que se ha enamorado de Cristo. Y es por esto que la Renovación Carismática ha sido un don tan grande para la Iglesia: ha conducido a multitud de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, a esta experiencia del amor que es más fuerte que la muerte.

Que esta experiencia ahora más que nunca os incite a la misión. Pues la contemplación que no de lugar a la misión se marchitará a la larga; y la misión que no surja de la contemplación está condenada a la frustración y al fracaso. Fervientemente pido que vuestras comunidades y toda la Renovación Carismática “boguen mar adentro” en la oración para “bogar mar adentro” en la misión. Así ayudaréis a toda la Iglesia todavía más para vivir la vida de acción y contemplación que es el seno de la evangelización.

Confiando vuestra Asamblea General a la infalible protección de María, Esposa del Espíritu y Madre de la Iglesia, imparto con satisfacción mi Bendición Apostólica a la Fraternidad y a vuestras comunidades como prenda de la infinita misericordia de Jesucristo, “el primogénito de entre los muertos” (Col 1, 18).

En el Vaticano, 22 de junio de 2001

Página 1 Boletín de ICCRS Número especial / Julio - Agosto 2001

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Carta del Papa a la Renovación

“Tended con toda vuestra fuerza hacia la santidad”

El Santo Padre escribe a los participantes a la Asamblea anual del “Rinnovamento nello Spirito Santo”, celebrado en Rímini, Italia, en abril de 2001.

Publicando la carta que el Santo Padre escribió a los participantes a la 24ª Asamblea Nacional del”Rinnovamento nello Spiritu Santo” (una de las expresiones de la Renovación Carismática), ofrecemos, gracias al ICCRS, a todos los miembros de la RCC, la enseñanza autorizada del Papa, para fortalecernos en vivir nuestra llamada a la santidad y a darnos todo el equipamiento necesario para la misión.

1. “La gracia del Señor  Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co 13, 13). Con estas palabras de la Liturgia, quiero dirigir mi saludo afectuoso a ti, mi venerado Hermano en el Episcopado, a los Dirigentes y miembros de la Coordinadora Nacional, así como a todos los reunidos en Rímini para la XXIV Asamblea Nacional de los grupos de oración y comunidades de la Renovación en el Espíritu Santo (RnS Rinnovamento nello Spirito Santo).

Justo después de la clausura del Año Santo, el lema de la asamblea de este año, “Haced lo que él os diga” (Jn 2, 5), destaca la intención de vuestro movimiento eclesial a seguir la enseñanza de María y comenzar un nuevo viaje de fervor espiritual y obediencia al Evangelio. El Evangelista, relatando la experiencia de los Apóstoles después de la resurrección de su Maestro dice que, “los discípulos se alegraron de ver al Señor” (Jn 20, 20). Sí, es esta misma alegría, el don del Resucitado, que hace a los creyentes capaces de mirar los retos del nuevo Milenio con alegría.

En la carta apostólica Novo Millennio Ineunte, escribí: “Ahora... debemos remar mar adentro, confiando en la palabra de Cristo, Duc in altum!” (n. 15). Éste es el momento para nuevas iniciativas apostólicas. ¡Es el momento de la nueva evangelización!

2. Ante los grandes retos de la era moderna, tenemos que ser muy conscientes de que “no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona”. Por esta razón la Renovación está llamada también a comenzar de nuevo desde Cristo, “se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste” (n. 29).

Esta intención de un compromiso renovado por el Evangelio requiere ante todo volver a descubrir la santidad como corazón y centro de todo apostolado: es necesario tender con todas nuestras fuerzas hacia la santidad, para “proponer de nuevo a todos con convicción este algo grado de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección” (n. 31). Los movimientos y nuevas Comunidades eclesiales, como un don especial del Espíritu Santo a las Iglesias en estos tiempos nuestros, deben saber cómo responder fielmente a la llamada del Señor. Ser dóciles con prontitud y generosidad al Paráclito, que nos moldea a Cristo: éste es el camino por donde los creyentes pueden ofrecer su testimonio de esperanza a una humanidad que a menudo se ve permeada por una cultura secularizada, que fomenta y promueve patrones de vida impíos y se arriesga a convertir al mundo en inhóspito y enemigo del hombre.

3. No hay santidad sin oración. De hecho, como vemos en las vidas de los santos, los cristianos valen tanto como oran. El compromiso de adherirse a la palabra de Jesús con gran disposición y generosidad, para traer Su salvación al mundo, exige un descubrimiento renovado de  “los grandes recursos de la oración”. En nuestro mundo, que a veces está enfermo de eficiencia y utilitarismo, existe una necesidad de testigos de “las cosas de arriba”, contempladas y vividas en la existencia cotidiana.

Esto supone que los grupos y comunidades de la Renovación sean cada vez más lugares de contemplación y alabanza, donde el corazón del hombre se llena del amor de Dios, se abre al amor hacia su hermano y se hace capaz de construir la historia según el designio de Dios.

Es en la Iglesia –casa y escuela de comunión– donde debemos oponernos a la cultura de odio y venganza, que los grupos y Comunidades de la Renovación (RnS) sean lugares y modelos significativos de hermandad y amor, de paciencia y acogida recíproca. Que la experiencia del perdón y el valor dado a cada don espiritual ayuden a todos a construir una hermandad nutrida por el aliento del Espíritu del Señor Resucitado.

4. “Haced lo que él os diga” (Jn 2, 5). Este lema nos invita a mirar al icono de las Bodas de Caná, donde la nueva relación de los discípulos con el Señor se ve moldeada por la presencia discreta y efectiva de María. Ella es el camino privilegiado y seguro para un encuentro con el Señor; es ella la que nos prepara para acoger su Palabra y hacernos perseverantes en la oración, en la expectación del Espíritu que inflama nuestros corazones y nos conduce a remar mar adentro con valor, hacia las metas que indica el Señor.

A María, la que es completamente santa, confío la Asamblea Nacional de la Renovación, de modo que el Espíritu Santo, al renovar los milagros de Pentecostés, pueda llenar los corazones con el fuego de Su amor y transformar a los participantes en anunciadores valientes y gozosos del Evangelio.

Con estos deseos, con todo mi corazón imparto, a ti mi Venerable Hermano, a los Dirigentes, a aquellos presentes y a todos los grupos y comunidades de la Renovación en el Espíritu una bendición apostólica especial, prenda de dones abundantes y consuelo celestial.

En el Vaticano, 28 de abril de 2001



Página 2 Boletín de ICCRS. Número especial / Julio - Agosto 2001

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El Papa Juan Pablo II a la asociación italiana del “RnS”

«La Renovación Carismática es un don para la Iglesia»

El jueves 14 de Marzo de 2002, el Santo Padre celebró el 30º aniversario de la llegada de la Renovación Carismática a Italia, cuando recibió a una delegación de miembros del Rinnovamento nello Spirito Santo (RnS), la realidad carismática más representativa de Italia. El RnS tiene alrededor de 200.000 miembros en 1.800 comunidades o grupos de oración. El Santo Padre resumió lo que es este movimiento de esta maravillosa manera: “La Renovación en el Espíritu puede considerarse un don especial del Espíritu Santo a la Iglesia en nuestro tiempo. En vuestro movimiento, nacido en la Iglesia y para la Iglesia, a la luz del Evangelio se experimentan el encuentro vivo con Jesús, la fidelidad a Dios en la oración personal y comunitaria, la escucha confiada de su Palabra y el redescubrimiento vital de los sacramentos, pero también la valentía en las pruebas y la esperanza en las tribulaciones”. He aquí la traducción del discurso en italiano del Papa.

Amadísimos hermanos y hermanas:

Con gran alegría os acojo a vosotros, representantes del grupo de la Renovación en el Espíritu Santo, con ocasión del trigésimo aniversario de vuestra presencia en Italia. Saludo al coordinador del Comité nacional de servicio y a cuantos colaboran con él.

Recuerdo con agrado los encuentros que he tenido con vosotros durante los años pasados. Desde el primero, en la solemnidad de Cristo Rey de 1980, hasta el de 1998, en la víspera del Encuentro con los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, con ocasión de Pentecostés. No puedo olvidar tampoco la contribución que la- Renovación en el Espíritu dio con ocasión del gran jubileo del año 2000, de modo especial ayudando a los jóvenes y a las familias, que desde el comienzo de mi pontificado no me canso de indicar como ámbitos privilegiados del compromiso pastoral. También deseo agradecer a vuestros dirigentes el haber querido imprimir a la Renovación un marcado carácter de colaboración con la jerarquía y con los responsables de los demás movimientos, asociaciones y comunidades. Por todo esto, juntamente con vosotros, alabo al Señor, que enriquece a su Iglesia con innumerables dones espirituales.

¡Sí! La Renovación en el Espíritu puede considerarse un don especial del Espíritu Santo a la Iglesia en nuestro tiempo. En vuestro movimiento, nacido en la Iglesia y para la Iglesia, a la luz del Evangelio se experimentan el encuentro vivo con Jesús, la fidelidad a Dios en la oración personal y comunitaria, la escucha confiada de su Palabra y el redescubrimiento vital de los sacramentos, pero también la valentía en las pruebas y la esperanza en las tribulaciones.

El amor a la Iglesia y la adhesión a su Magisterio, en un can-ún6 de maduración eclesial sostenido por una sólida formación permanente, son signos elocuentes de vuestro empeño por evitar el peligro de secundar, sin querer, una experiencia de lo divino sólo emocional, una búsqueda excesiva de lo “extraordinario” y un repliegue intimista que evite el compromiso apostólico.

En esta circunstancia especial deseo bendecir idealmente tres proyectos, en los que estáis trabajando, y que proyectan “fuera del Cenáculo” a los grupos y a las comunidades de la Renovación en el Espíritu con generoso impulso misionero.

Me refiero, ante todo, al apoyo que estáis dando a la implantatio Ecclesiae en Moldavia, en estrecha colaboración con la fundación “Regina Pacis” de la Arquidiócesis de Lecce, constituyendo una comunidad misionera unida a la diócesis de Chisinau. Saludo con afecto a los pastores de esas comunidades eclesiales, monseñor Cosmo Francesco Ruppi y inonseñor Anton Cosa, así como a los obispos que participan en este encuentro.

Otro interesante proyecto es la animación espiritual en los santuarios marianos, lugares privilegiados del Espíritu, que os brinda la ocasión de ofrecer a los peregrinos itinerarios de profundización de la fe y de reflexión espiritual.

Por último, está el proyecto “Zarza Ardiente”, que es una invitación a la adoración incesante, día y noche. Habéis querido promover esta oportuna iniciativa para ayudar a los fieles a “volver al Cenáculo”, a fin de que, unidos en la contemplación del misterio eucarístico, intercedan mediante el Espíritu por la unidad plena de los cristianos y por la conversión de los pecadores.

Se trata de tres diversos campos apostólicos, en los que vuestra experiencia puede dar un testimonio muy providencial. El Señor guíe vuestros pasos y haga que vuestros propósitos den abundantes frutos para vosotros mismos y para la Iglesia.

Si se mira bien, todas vuestras actividades de evangelización tienden, en resumidas cuentas, a promover en el pueblo de Dios un crecimiento constante en la santidad. En efecto, la santidad es la prioridad de todos los tiempos y, por tanto, también de nuestra época. La Iglesia y el mundo necesitan santos, y nosotros seremos tanto más santos cuanto más dejemos que el Espíritu Santo nos configure con Cristo. Éste es el secreto de la experiencia regeneradora de la “efusión del Espíritu”, experiencia típica que distingue el camino de crecimiento propuesto a los miembros de vuestros grupos y comunidades. Deseo de corazón que la Renovación en el Espíritu sea en la Iglesia un verdadero “gimnasio” de oración y ascesis, de virtud y santidad.

De modo especial, seguid amando y haciendo amar la plegaria de alabanza, forma de oración que reconoce más inmediatamente que Dios es Dios; le canta por él mismo, le da gloria por lo que él es, más que por lo que hace (cf. Catecismo de la Iglesia Católica 2639).

En nuestro tiempo, sediento de esperanza, dad a conocer y haced amar al Espíritu Santo. Así ayudaréis a que torne forma “la cultura de Pentecostés”, la única que puede fecundar la civilización del amor y de la convivencia entre los pueblos. No os canséis de invocar con ferviente insistencia: “¡Ven Espíritu Santo! ¡Ven! ¡Ven!”.

La Madre Santísima de Cristo y de la Iglesia, la Virgen orante en el Cenáculo, esté siempre con vosotros. Os acompañe también mi bendición, que os imparto con afecto a vosotros y a todos los miembros de la Renovación en el Espíritu.


Roma, 14 de Marzo de 2002



Boletín de ICCRS. Número especial / Mayo - Junio 2002

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